mar 18a. Ordinario año Par (Id=526)

Antífona de Entrada

Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio, acompáñame y guíame.

[Misa]

Oración colecta

Oremos:
Señor nuestro, que prometiste venir y hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos la rectitud y sinceridad de vida que nos hagan dignos de esa presencia tuya.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Por tus enormes pecados te he tratado así. Yo haré volver a los cautivos de Israel

Lectura del libro del profeta Jeremías
30, 1-2.12-15.18-22

El Señor dirigió esta palabra a Jeremías:
"Esto dice el Señor, Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que yo te he dicho. Pues así dice el Señor:
Tu herida es incurable, no puede sanar tu llaga; nadie atiende tus gritos de auxilio, ni existe remedio para tus heridas. Todos tus amantes te han olvidado, ya no se preocupan de ti; porque yo te he herido como si fueras un enemigo; el castigo ha sido cruel, a causa de tu gran maldad y por tus muchos pecados. ¿Por qué te quejas de tus heridas? Tu dolor es incurable. Te he castigado así, a causa de tu gran maldad y por tus muchos pecados.
Esto dice el Señor: Yo restauraré las tiendas de Jacob y tendré piedad de sus casas; la ciudad será reconstruida en su colina, y el palacio se levantará en el lugar que le corresponde. Saldrán de ellos cantos de alabanza y gritos de júbilo. Multiplicaré a este pueblo y no disminuirán, los honraré y no serán humillados. Sus hijos serán tan poderosos como antes, su asamblea será estable ante mí, y castigaré a todos sus opresores. De entre ellos surgirá su su jefe, de en medio de ellos saldrá su soberano. Le mandaré venir y se acercará a mí; pues ¿quién arriesgaría su vida acercándose a mí? Palabra del Señor. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 101, 16-18.19-21.29 y 22-23

El Señor es nuestro Dios.

Los paganos honrarán tu nombre, Señor, todos los reyes de la tierra te engrandecerán; porque tú, Señor, reconstruirás Sión, y manifestarás así tu gloria, atenderás la súplica del desamparado y no rechazarás su oración.
El Señor es nuestro Dios.

Que se escriba todo esto para las generaciones futuras, para que el pueblo que va a ser creado alabe al Señor; pues el Señor miró desde su alto templo, desde los cielos se fijó en la tierra, para atender los lamentos de los cautivos y liberar a los condenados a muerte.
El Señor es nuestro Dios.

Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y sus descendientes estarán siempre en tu presencia. Entonces se proclamará en Sión el nombre del Señor y en Jerusalén se publicará su alabanza; pueblos y reinos se reunirán para dar culto al Señor.
El Señor es nuestro Dios.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.
Aleluya.

Evangelio

Mándame ir a ti caminando sobre el agua

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
14, 22-36

Gloria a ti, Señor.

Después que se sació la gente, Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió a la montaña para orar a solas. Al llegar la noche estaba allí solo.
La barca, que estaba ya muy lejos de la orilla, era sacudida por las olas, porque el viento era contrario. Antes de la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. Los discípulos, al verlo caminar sobre el lago, se asustaron y decían:
"Es un fantasma".
Y se pusieron a gritar de miedo. Pero Jesús les dijo enseguida:
"¡Animo! Soy yo, no teman".
Pedro le respondió:
"Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas".
Jesús le dijo:
"Ven".
Pedro saltó de la barca y, caminando sobre las aguas, iba hacia Jesús. Pero al sentir la violencia del viento se asustó y, como empezaba a hundirse, gritó:
"¡Señor, sálvame!"
Jesús le tendió la mano, lo levantó y le dijo:
"¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?"
Subieron a la barca, y el viento amainó. Y los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo:
"Verdaderamente eres Hijo de Dios".
Después de atravesar el lago, llegaron hasta la orilla de Genesaret. Al reconocerlo los habitantes del lugar, difundieron la noticia por toda aquella región y le trajeron todos los enfermos. Le suplicaban que les dejara tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que lo tocaban quedaban curados.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Que este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte, nos purifique y nos ayude a obtener la recompensa eterna, prometida a quienes cumplen tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

El misterio de nuestra salvación en Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado.
Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.
El, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.
Por eso,
con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria diciendo:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Señor, aviva cada vez más en nosotros el deseo de recibir este pan eucarístico, por medio del cual nos comunicas tú la vida verdadera.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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